Ayer decidiste partir, ya lo veíamos venir pero no nos imaginamos que sería tan pronto. Nunca había tenido una perrita con mi carácter: amargada, ansiosa, asustadiza y bastante solitaria. Todavía recuerdo el día que te vimos por primera vez en aquella casa, íbamos a comprar a uno de tus hermanitos y al final nos dijeron - tenemos una de color blanco con manchitas cafés - te vimos y fue amor a primera vista. Después de llevarte a casa, mamá con miedo dijo - creo que tiene un problema en la cadera, ¡mira cómo camina! - Te llevamos al veterinario ese mismo día y al final terminamos con un - está totalmente sana, sólo camina coqueto. Es una bebé -. Tampoco voy a olvidar cuando caíste a la piscina y estuviste una 1 hora en la escalera de metal aferrada a la vida como una guerrera. Nos dimos cuenta porque Bruce estaba ansioso y corriendo de un lado a otro en el patio. Nos estaba avisando de que estabas en problemas. Al final, no pasó nada grave pero fue un susto grandísimo. Tu oji...
¿Por qué nos sentimos mal al exigir algo que nos corresponde?, ¿por qué no puedo ser una hija de puta y que tanta consideración le valiera madre?, ¿por qué me da taquicardia enviar un mísero mensaje? A veces es cansado ser una buena persona en un mundo donde te obligan a ser cruel y miserable.
Hace unos días descubrí que ya no me seguías en Twitter, dejaste de ser mi amigo en Facebook, en Whatsapp me dejaste en visto. No entiendo las razones de tu repentino cambio de actitud hacia nuestra amistad de ya hace varios años, pero de lo que sí estoy segura es que, sin importar dónde estés o con quién, mi casa siempre será tu refugio en los días buenos o malos. Espero en algunos años me puedas dar las razones de por qué decidiste cortar tan abruptamente ese lazo que nos unía como amigos. Si no, no importa. Si alguna vez llegas a leer esto, gracias por esos años, sonrisas, mentadas de madre y memes. ¡Gracias por todo, J!
Comentarios
Publicar un comentario